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Quince de septiembre

Los quince de septiembre -y solamente los quince de septiembre- tengo tres conversaciones ficticias por teléfono con mi hija gringa, que ahorita tiene diez años.

A la mañana bien temprano le digo:

Mija, si fueras mexicana, mañana no tendrías que ira a la escuela. Pero el resto de los días de tu vida tendrías que levantarte a las 7:00 am, que en otoño en México apenas comienza a amanecer.

Tendrías que ir a la escuela caminando por calles sin luz, encharcadas debido a la temporada de lluvias y muy seguramente acompañada en tu andar por uno que otro perro andrajoso buscando qué comer entre botes de basura. Y a las 8:05 AM en punto el timbre sonaría para formarse en el patio central junto a otros niños con los zapatos negros recién boleados llenos de lodo fresco y las medias blancas todavía húmedas oliendo a suavitel. Y todos cantarían “Se levanta en el asta mi bandera”, y sentirías la humedad sofocante de septiembre en pleno apogeo, con tu frente llena de sudor rodeada de mosquitos, y así durante los primeros doce otoños de tu vida, hasta que te entre en el pecho la mexicanidad o el dengue hemorrágico, lo que te llegue primero.

Porque ser mexicano, hija mía, es sentarse en un pupitre de madera de palma astillada y aprender a escribir en letra cursiva mil veces tu nombre en libreta doble-raya y después salir a la calle y no volver a escribir en letra cursiva nunca más en la puta vida.

Ser mexicano es tomar Coca-cola los primeros cuarenta años de tu vida sin saber por qué, y tomar Alka-Seltzer los segundos cuarenta años de tu vida sin saber por qué. Ser mexicano es no encontrar la relación entre la cafeína y la acidez.

Y a la tarde, durante la cena del quince de septiembre, otra vez hablo con mi hija y le digo:

¿Qué estas comiendo, mija? ¿Por qué no le estás poniendo limón a ese pozole, a esa fruta picada, a esas enchiladas dulces, a esos duritos de harina? ¿Por qué no le estas poniendo limón a todo, hija mía? ¿Acaso me quieres hacer encabronar?

Ser mexicano, mija, es ponerle limón a lo condimentado, es ponerle polvito Tajín a los pepinos, jícamas y sandías, es ponerle salsa Tamazula a las sabritas, es ponerle catsup a la pizza hawayana. Es pedir Coca-Cola de dieta con pozole en plato grande, es desayunar bolillo con frijoles y tomar Nescafé por las mañanas, es ponerle cara de asco a las comidas sin tortilla. ¡Eso es ser mexicano, hija mía! Ándale y busca el limón para partirlo, córrele antes de que me encabrone, chingada madre…

Y por las noches, cuando escuchamos canciones infantiles antes de dormir, cuando ella me pregunta “Papá, ¿por que otra vez escuchamos a Cri-cri?” (que es su forma de preguntar por qué chingados quieres que sea mexicana) es cuando entonces ensayo de nuevo una respuesta y le digo:

Ahorita tienes diez años hija mía, pero después, un día vas a tener veinte y entonces vas a poder descubrir las otras canciones de Francisco Gabilondo Soler. No, no, no quiero decir que te vas a olvidar de Cri-cri y el Ratón Vaquero, o El Chorrito que se hacía grandote y se hacía chiquito… eso es imposible; las vas a tener refundidas en la cabeza siempre y te van a hacer feliz toda la vida, quieras o no, porque eso es ser mexicana.

Pero más adelante, mija, estarás en la edad de conocer las otras canciones. Cuando seas grande será hora de que ese señor, Francisco Gabilondo Soler, deje de ser en tu cabeza el que canta cosas para chicos y empiece a ser la representación de la dignidad. Pero no será el único.

Vas a comenzar a escuchar a los grandes. Selena, por ejemplo, responderá la pregunta ¿qué se siente estar enamorada? en Bidi-bidi Bom-bom. Cuando sientas ganas de llorar, Ana Gabriel te consolará con Luna. Todos los diez de mayo, Juan Gabriel en Amor Eterno te contará cómo es el amor por una madre y Joan Sebastian te recordará que todos los hombres somos idiotas.

En tus victorias más dulces y en tus derrotas más amargas, escucharás la voz única de José Alfredo Jiménez. Mientras que en los días soleados de verano, cuando recuerdes la brisa salada y adormecedora de tus viajes a la playa de tus abuelos, susurrarás los versos poéticos de Javier Solís.

Y ya en la noche nublada del quince de septiembre, si continuas con fuerzas después de haber gritado ¡Viva México! con toda tu alma, la adrenalina colectiva te hará cantar de manera natural el pleonasmo México lindo y querido. Y si la letra de esa canción te hace llorar justo en el verso que dice:

“si muero lejos de tí, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí”,

si justo ahí empiezas a llorar, y a sospechar que tienes la piel de gallina en un estado de éxtasis, es porque entonces serás del todo mexicana y para siempre.

Aunque hayas nacido al otro lado de la frontera.

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Inspirado completamente por el texto Venticinco de Mayo, por H.Casciari.

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El mejor gol de la historia

El mejor gol de la historia no lo anotó Maradona en México 68 ni Manuel Negrete en México 86. El gol de la historia lo metí yo de zurda estando en la primaria a los siete u ocho años.

La rivalidad entre el grupo ‘A’ y el grupo ‘B’ a la hora de educación física era directamente proporcional a las mentadas de madre acumuladas durante días pasados e inversamente proporcional al número de niñas que formaban parte del encuentro. Si no jugaban volleyball y se dedicaban a echarnos porras a la sombra de las palmeras, nos apendejabamos todos.

Los capitanes, que siempre eran los mismos dos pseudo-líderes de grupo, bien parecían dictadores o hermanos mayores autoritarios. A falta obvia de árbritro -o ya de perdida de profesor- que regulara y validara las jugadas, la palabra de estos dos era ley. ‘Yuyo’ por ejemplo, era el capitán autoproclamado del ‘A’. No recuerdo el nombre del capitan del otro grupo.

Los juegos más tediosos eran a las doce del medio día, patrocinados por un calor infernal y con el cansancio implícito de haber estado sentado en un pupitre dentro de un salón con ventiladores que no funcionaban durante cerca de tres horas y media.

La cancha premier a que todo niño en la escuela quería poner pie era la cancha “de los de sexto”. Sin pasto y rellena de arena de mar color negra que hundía tus zapatos boleados, fue el punto encuentro de los primeros y mejores partidos de futbol que llegué a ver en mi tierna infancia.

Algunos niños talentosos de quinto y en raras ocaciones de cuarto, tenían exclusividad cuando alguno de sexto no podía jugar o el equipo de cierto bando no se completaba.

Recuerdo que cuando era época de lluvias a finales del año escolar, se hacía una laguna en medio de dicha cancha. El partido de futbol se convertía en una mezcla de waterpolo con cross-country y era la pesadilla de las mamás que juraban matarnos cuando al regresar a casa veían las camisas blancas del uniforme completamente marrones.

Pero su coraje no dejaba ver en el hijo la satisfacción interna y la alegría producida al experimentar el mejor deporte del mundo con elementos naturales, como agua de lluvia y piedras torce-tobillos.

Ocurrió que, un día por la mañana, grupo ‘A’ se enfrentó a grupo ‘B’ como siempre. Era muy probablemente cerca del final del juego cuando la pelota salió rodando por un puntapié de alguien, después de la clásica bolita cuando nadie le pasa la pelota a nadie y todos se patean contra todos.

El destino estaba configurado de tal forma que, al ver la pelota rodando con cierta velocidad angular, me acerqué corriendo y le transferí momento lineal a la base del esférico con mi pie izquierdo, más preocupado con mandarla lejos de nuestra área que de hacer un gol.

Y ese elemento de sorpresa, del sin pensar, es el que le da el valor infinito a este recuerdo que se me va de la mente.

El tiempo se detuvo cuando todos los presentes observaban semejante ‘globito’ elevarse por el cielo. Y a mí me dió la impresión de ver cómo el esférico se detenía en su punto más alto de manera momentánea, para después continuar su descenso debido a la irremediable realidad de la gravedad.

El balón pateado fortuitamente por mi iba cayendo lentamente. Y se aproximaba cada vez más a la portería contraria. Pero era incierto su destino. El momento cumbre llegó cuando a escasos 5 metros de altura, la pelota pegó con la combinación de hojas y ramas del mítico árbol de rosa morada que floreaba puntual en primavera.

Ese toque mágico le imprimió una tranferencia de velocidad, de dirección tal que lo mandó caer, como por órden divina, aún más lenta y misteriosamente al poste derecho de la portería que protegía Eulalio, el Benji-Price del ‘B’.

Los segundos finales en la escena los recuerdo con el silencio que se produce cuando te aguantas la respiración. Eulalio se lanza al poste derecho con la mano izquierda extendida. La pelota finalmente cae, toca suelo, se levanta, levanta polvo, Eulalio cae, la pelota gira, la pelota entra. Júbilo.

Todos voltean al unísono a buscar con la mirada al perpretador de semajate cagadón del siglo. Yo, estóico, me sigo sacando los mocos mientras inconscientemente y en susurro ahogado grito ‘Gol’.

No sé si ganamos. Pero así fue como pasaron los eventos de uno de los días más felices de mi vida.

Viajar al pasado

En lo personal, viajar al pasado sí es posible. Es cuestión de que vea un carro de al menos 25 años o más de antigüedad por la calle para que el truco de la imaginación haga de las suyas.

Hoy a media tarde venía de haberme desayunado un plato de birria en Tecalitlán cuando al dar vuelta a la izquierda en la intersección de Kirk y Butterfield, un auto clásico modelo 50 con curvas exuberantes, rines plateados y de coraza en tonos carne, entraba por la tangente y se unía al tráfico. Dos pensamientos vinieron a mi mente:

a) por el color de la carrocería y el diseño en el estampado de la cajuela  -que era de madera o imitación- el bólido me pareció un par de zapatos de espectador (spectator shoes) que algún gigante nórdico con ascendente de proxeneta salido del señor de los anillos hubiera perdido por ahí.

b) que una y otra vez, ver carros antigüos me recuerdan a las conversaciones por skype con mi padre justo cuando la señal esta por cortarse, aunado con la nostalgía de su juventud..

Y ahí me encontraba yo, dándole el pase a semejant joya histórica para que entreara a mi carril central. Le hice guardia durante el trayecto por Kirk, olíendole los pedos del escape ausente a simple vista y tratando de entender el significado de las letras de la placa trasera GROEB 48 hasta que di vuelta a la derecha para entrar por Pine street .

Y fue en ese efímero período de guardia fiel en el cual mi mente se fue a los años 50. A una carretera en alguna parte de los Estados Unidos de la postguerra, como en el final de The Pacific cuando Eugene Sledge va camino a casa pasando por de campos de algodón una mañana soleada.

Y me puse a imaginar cómo un día sábado de primavera en aquel tiempo pudo haber sido. Me puse a indagar qué canciones estarían sonando por la radio, ¿cuál sería el equivalente a Can’t stop the feeling de Justin Timberlake? ¿la gente iría a Jewel Osco a comprar la despensa? ¿habría una feria de cerveza y vino patrocinada por Two Brothers en Aurora? ¿dónde llevarían los novios a sus chicas a pasar la noche hoy que hay luna llena?

El exercicio mental me causó tanta excitación que no recuerdo mucho del camino hasta el puesto de seguridad dentro del lab después de mi despedida silenciosa y callada con “la joya”.

Pero para colmo de males, voy pisando el freno frente a Wilson Hall y veo algo parecido a un DeLorean bufando el silenciador saliendo perpendicular a mí. Es entonces cuando  me pregunto: ¿cómo recordaré el presente cuando me llegue a encuentrar con carros contemporáneos en un futuro distante?

Inspirado por H.Casciari, Orsai.

Holding on to you | 21 Pilots

The radio put this song in the middle of today’s morning traffic. Non stop singing it.


Remember the moment you know exactly where you’re going,
‘Cause the next moment, before you know it,
Time is slowing and it’s frozen still,
And the window sill looks really nice, right?
You think twice about your life, it probably happens at night,
Right? Fight it, take the pain, ignite it,
Tie a noose around your mind loose enough to breathe fine and tie it,
To a tree, tell it, “You belong to me,
This ain’t a noose, this is a leash,
And I have news for you, you must obey me.”

Adiós a Leo M. Lederman

Leon M. Lederman, premio Nobel en 1988 y exdirector del Fermilab, se muda de Illinois para pasar a vivir el resto de sus días a Idaho junto con su esposa y su perro. Durante la fiesta de despedida, que más pareció una fiesta de chistes y anécdotas, pude rescatar algunas imágenes alusivas.

 

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La Anécdota

Trataré de describir lo que sucedió al momento de que un amigo de Leo toma el micrófono:


Speaker: [ajusta el micrófono]
Leo: [sujeta su bastón como bate de béisbol, en plena señal de alerta/defensa]
Speaker: No te voy a dar un beso Leo … [risas] No delante de todos los presentes [risas]
Leo: [baja su bastón y finge no escuchar]
Speaker: […] eran tiempos difíciles para el aquel entonces director del laboratorio […] muchas reuniones con la gente del Congreso exigiendo resultados justificables a las exorbitantes cantidades de dinero que salían del erario para hacer correr los proyectos […] en ese tiempo era yo un joven posdoc, mi oficina estaba junto la de Leo […] un día en particular, recuerdo haberlo visto discutir toda la mañana y su estado de humor no era particularmente amigable por esas horas […] para distraerme un poco de la última reunión, tomé una pequeña pelota de pin-pon, la cual solía tener sobre mi escritorio, y comencé a lanzarla sobre la puerta […] por efectos más del azar que por voluntad propia, la pelotita se desvió trágicamente de su trayectoria normal y fue a parar a la esquina del marco, cambiando su curso 90 grados […] e incrustándose lenta, pero decididamente a la oficina de Leo […] era mi jefe, había tenido una mañana difícil seguramente, mientras que yo debía de haber estado trabajando, no jugando! […] me levanté y me dirigí “temblorosamente” a la oficina de Leo, gateando, para pasar desapercibido […] cuando para mi sorpresa, sale Leo de su oficina, asustándome, toma la pelota, me ve, dos segundos de incómodo silencio y después me dice: PERO SI AHORA NO TENGO TIEMPO PARA JUGAR CONTIGO!!
Risas.

 

Para finalizar, lo que más queda de ese día fue que, una vez más, vi pasar delante de mis ojos a una gran persona. No sólo en el ámbito de la académico-profesional, sino como ser humano. Leo Lederman me mostró que los grandes son grandes por sus acciones, más que por sus apariencias.

Autógrafo de Leo M. Lederman en ocasión de mi cumpleaños.

El diario de un Culero

Hazme el chingado favor de leer:

Este relato es para todos aquellos que ocasionalmente les han hecho pasar un mal día y necesitan desquitarse del que se las hizo.

Estaba sentado en mi escritorio cuando efectué una llamada telefónica y me contestó un tipo de mal genio.

¡QUE QUIERE!,
Le dije: ‘Bueeeenaas, ¿podría hablar con Luís?’
‘No aquí no vive ese Güey’. Y me colgó el teléfono de la manera más grosera.

Resulta ser que había marcado un número incorrecto, por lo que procedí a llamar al teléfono indicado.

Después de colgar, observe el número de teléfono errado en mi escritorio; decidí llamar a ese número y contestó la misma persona que me colgó.

Le dije: – ‘Eres un CULEEEEEROOOOOOOOOO’ y colgué.

Inmediatamente anoté ese número en mi agenda y le puse al lado la palabra CULERO..
Cada semana, cuando tenía alguna piedra llamaba al tipo y cuando contestaba le decía: ”Eres un CULEEEEROOOOOOOOOOOOO!! ‘.

Esto me hacia sentir mucho mejor; pero al tiempo me enteré del servicio de identificación de llamadas, por lo cual me limité a dejar dellamar por unos días al CULERO. Pues se me ocurrió lo siguiente: marqué su número telefónico y en lo que me contestó diciendo:

¿Buenooouuuu?
Le respondí:
-’Buenas tardes, le llamo del Dpto. de ventas de Telmex para saber sí conoce el servicio de identificación de llamadas…’
El tipo contesto: ‘NO’ y le dije: ‘Eso es porque Ud. es pinche REEE CULEEEEEEROOOOOOO’.

Un día estaba en GALERIAS esperando que saliera una señora para estacionar la camioneta en el espacio que ella desocupaba. Pues, resulta que cuando la señora salió, vino un tipo manejando un Renault azul y se metió a la brava, le pité, pero nada, el tipo simplemente se bajó del carro y se fue para el centro comercial ignorándome por completo.

Ante su actitud pensé: “ese es un CULERO” y fue cuando noté que en su carro había un letrero que decía:
SE VENDE… LLAMAR AL TELÉFONO xxx-xx-xx

Después llamé al tipo del Renault:

-¿Si, hablo, con el señor del Renault 9 azul que esta a la venta?
-Sí, habla con el.
-¿Podría decirme dónde lo puedo ver?
-Sí, vivo en Puebla No. xxxx es una casa amarilla y el carro está al frente de la casa.
-Mi nombre es Eduardo y me puedes encontrar en la casa después de las 6 PM.
-Gracias. Le dije. ¿Te puedo decir algo Eduardo?
-Sí, como no.
-Eduardo… ERES UN CULEEEEEROOOOOOOOO. Y le colgué.

Bueno, a partir de ese día ya tenía a dos CULEROS a quien llamar. Después de un tiempo llamando al par de CULEROS, la cosa se puso aburrida, por lo cual decidí hacerla más divertida y se me ocurrió lo siguiente:

Llame al CULERO No. 1.
Y el tipo grosero me contestó: ¿QUÉ QUIERE?
Y entonces le dije: ‘¿Eres el CULERO?’, pero no colgué.
El tipo me dijo: -¿Estás ahí?… A ver si dejas de llamarme HIJO DE PUTA.
Yo le dije: -Pues no me da la chingada gana, como la ves?.
El tipo me preguntó con tono suave… ¿Cómo te llamas?
– Eduardo, le dije.
– ¿Donde vives?
– A poco si vienes?… Calle de Puebla No. xxxx en una casa amarilla donde está un Renault azul al frente.
– ¡En menos de una hora estoy allá para partirte tu madre hijo de la chingada!
Yo le dije: – ¡Uuuuuy sí… me estoy cagando del susto! ¡CULERO!,
¡CULEEEEROOOOOOOOOOO!, y le colgué.

Después de eso llamé al CULERO No. 2, y cuando contestó le dije…Que Pedo CULERO.
– ¡PUTO… si te llego a encontrar, te voy a romper la cara y las piernas!, me dijo.
– ¿Así está la cosa?, le dije… pues hoy es tu oportunidad porque en menos de una hora estoy en tu casa para romperte la madre, CULEEEROOOOOOOOOOO ¡¡¡ a ver que me vas a hacer.

Enseguida llamé a la Policia y les dije que iba para Calle de Puebla No. 1216 a matar a mi novio puñal por que lo encontré con otro hombre.Después llame al diario mas prestigiado “EL DEBATE” para reportar que la Policia había encontrado a dos PUÑALES MUERTOS, y les di la dirección.

Enseguida me fui al OXXO mas cercano, compre una coca de litro, una bolsita de palomitas de micro y unos Malboro, ya sabes¡¡¡ y hecho la madre me fui para ahi a ver el espectáculo:

Unas 6 patrullas rodeando la casa, dos pendejos dándose de madrazos en plena calle, la policía tratando de separarlos, un consejero haciéndolos recapacitar y las cámaras reportando una disputa pasional entre dos gays subversivos.

¿Qué les parece??? Eso SI es ser un….
¡¡¡ CULEEEEEROOOOOO !!!

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sic HAZME EL CHINGADO FAVOR

Quantum Everything

When anyone other than a particle physicist talks about “quantum”, it is almost always a magic word used to project a pseudoscientific aura onto sheer raving lunacy. “Quantum” as a prefix is almost universally used to signify that the noun it modifies is about to be made crazy stupid. So you know when you see something called the Quantum Bible, it’s not going to be refined, elegant, coherent, or intelligent.

Here are the first bits of this rewritten version of the Bible. I’m being kind and sparing you the associated annotations, which are even longer than the text.

1 And behold the Great Singularity is everywhere and nowhere. 2 Without form nor mass and without space and time – It is, has been and will be, eternal. 3 An Eternity in space, an Eternity in time incorporating all that is known and then some. 4 But eternally restless and driven to manifest in form, time and space. 5 And so it is that manifestations cyclically occur and our worlds gain their existence. 6 But we are manifestations of the Cycle of the Great Singularity for we emanate from Its bosom and return thence in accordance with Its Universal Order.

7 And so it comes to pass that the Great Singularity becomes pregnant with the energy for manifestation and in accordance with the Great Universal Order that lies at the heart of its existence there follows a mighty cataclysmic manifestation. 8 In that instant all the parts of matter materialize, each to become the building blocks of all form yet to be. 9 For at that instant the quarks, electrons, protons, neutrons, neutrino’s and all their anti-matter shall give rise to a world of form, a world of time and a world of distance; but yet all are imbibed with the stuff which is the Great Singularity – timeless, formless and Eternal.

10 And lo the great Illusion is initiated ; and for they who are blinded by form and distance and time there is no merging eternally of the form and the formless. 11 And wretchedly shall they live their days in the half truth and never connect with the Great Singularity which is their birthright and from whose bosom they emanate and exist and to whence they return unconsciously. 12 And so it is that the particles of form receive their kernel which shall determine all their interactions and all form that shall yet follow. 13 Indeed the kernel shall support the breadth of all form and being, all of the sea and the great land masses, all of life and of death. 14 For each kernel is complete as it imbibes all of the Great Singularity and indeed so is it also with the collective of all kernels of all particles of form. 15 Such is the completeness of the manifestation in form that no adjustment nor interference nor correction is required nor will be forthcoming by the Great Singularity.

16 In the restlessness of the Great Singularity has a need arisen – to create consciousness of Itself. 17 And so form is manifest so that consciousness shall ultimately arise and lo the consciousness shall feed upon the great environments which are none other than the manifestation of the Great Singularity! 18 In this way shall the Great Singularity create consciousness of Self through the manifestation and they that shall be conscious of the manifestation shall be the consciousness of the Great Singularity in form. 19 And so shall they passage with consciousness as they de-form and reconnect at physical death with the Great Singularity. 20 For this passage of return has the Great Singularity manifest the black holes of de-materialization; both in form and in consciousness shall these be as a portal for passage from form to formless, and so shall consciousness disconnect from form to merge with the eternal formlessness which is the Great Singularity. 21 And so shall it come to pass that those who access true consciousness of all things will prepare their passage through the black hole, as they shed form and mass, time and distance, and disconnect their consciousness from that domain – so shall they pass through the portal and inherit eternity within the bosom of the Great Singularity.

In case you missed it in that great wallow of babble, the guy (who is a neurosurgeon! What is it with neurosurgeons and goofiness?) also doesn’t like evolution, and has a weird deterministic theory in which all the potential in every species was set within it at the instant of its creation by the Great Singularity. I am unable to bear the thought of reading any more of any of Ian Weinberg’s essays, though: my kernel is incapable of coping with any more Quantum.