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Suerte

“¿Por qué hay personas que parecen tener toda la buena suerte?” pregunta Alec Oxenford, blogger en tecnología y emprendurismo, haciendo referencia a un artículo de Richard Wiseman, reconocido psicólogo e investigador inglés que se ha dedicado a analizar la suerte desde una perspectiva realista. Según su análisis la suerte no es magia sino un adecuado estado mental.
Wiseman se puso a analizar la suerte, 10 años atrás. ¿Por qué hay personas que siempre están en el lugar y en el momento correctos, mientras que otras padecen la mala suerte en forma sistemática? Wiseman publicó avisos en periódicos nacionales para que las personas que se sintieran sistemáticamente afortunadas o desafortunadas se pusieran en contacto con él. Cientos de mujeres y hombres extraordinarios se presentaron como voluntarios para la investigación y durante varios años Wiseman los entrevistó. Hizo un seguimiento de sus vidas e hizo que fueran parte de diferentes experimentos. Los resultados revelan que a pesar de que estas personas casi no tienen idea de cuáles son las causas de su suerte, sus pensamientos y comportamientos son responsables de gran parte de su buena o mala suerte.
Tomemos el caso de posibles oportunidades. Las personas afortunadas se enfrentan a tales oportunidades en forma sistemática, mientras que las desafortunadas no. Wiseman llevó a cabo un experimento sencillo para descubrir si esto se debía a diferencias en su capacidad para descubrir tales oportunidades. Entregó un periódico a personas con buena y con mala suerte, y a cada una de ellas les pidió que lo miraran y que le dijeran cuántas fotografías aparecían en el mismo.
Sin advertirles, entre las hojas del periódico, puso un mensaje grande que decía “diga al experimentador que leyó este mensaje y ganará USD 50”. El mensaje ocupaba media página y estaba escrito en una tipografía de más de cinco centímetros de alto. Estaba a la vista de todos, pero las personas con mala suerte tenían la tendencia a pasarlo por alto mientras que aquellas con buena suerte sí lo veían. Las personas con mala suerte también suelen estar más tensas que las afortunadas, y esta ansiedad obstruye su capacidad para identificar lo inesperado. Consecuentemente, se pierden oportunidades porque están muy concentrados en buscar otra cosa. Van a fiestas con la intención de encontrar la pareja perfecta, y se pierden oportunidades de hacer buenos amigos. Leen los diarios con la determinación de encontrar ciertos tipos de clasificados de empleos y se pierden otros tipos de empleos.
Las personas afortunadas son más relajadas y abiertas, y por ese motivo ven lo que está disponible y no sólo lo que están buscando. En última instancia, la investigación reveló que las personas afortunadas generan buena suerte a través de cuatro principios.

1) Son habilidosas para crear e identificar oportunidades fortuitas.
2) Toman decisiones afortunadas siguiendo su intuición.
3) Generan profecías auto-cumplidas a través de expectativas positivas.
4) Adoptan una actitud más elástica que transforma la mala suerte en buena fortuna.

Hacia el final del trabajo Wiseman se preguntaba si estos principios se podrían utilizar para generar buena suerte. Le pidió a un grupo de voluntarios que pasara un mes haciendo ejercicios diseñados para ayudarlos a pensar y comportarse como personas afortunadas. Los resultados asombraron. El poner en práctica los cuatro principios anteriores ayudó a los participantes a identificar oportunidades fortuitas, seguir su intuición, esperar ser afortunados y ser más fuertes ante la “mala suerte” .

Víctor del Rosal Ahumada

Suplemento Ágora  #2078 Diario de Colima

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La respuesta a la pregunta por el todo

-¡Nuestra raza ha esperado siete millones y medio de años este Gran Día Optimista e Iluminador! – gritó el dirigente de los vítores-. ¡El día de la respuesta!

[…]

-Hace setenta y cinco mil generaciones, nuestros antepasados pusieron en marcha este programa -dijo el segundo hombre-, y en todo ese tiempo nosotros seremos los primeros en oír las palabras del ordenador.

[…]

-¡Chsss! -dijo Loonquawl con un suave gesto-. ¡Creo que Pensamiento Profundo se dispone a hablar!

[…]

-Aunque no creo -añadió Pensamiento Profundo- que vaya a gustaros.

-¡No importa! -exclamó Phouchg-. ¡Tenemos que saberla! ¡Ahora mismo!

-¿Ahora mismo? -inquirió Pensamiento Profundo.

-¡Sí! Ahora mismo…

-Muy bien -dijo el ordenador, volviendo a guardar silencio. Los dos hombres se agitaron inquietos. La tensión era insoportable.

-En serio, no os va a gustar -observó Pensamiento Profundo.

-¡Dínosla!

-De acuerdo -dijo Pensamiento Profundo-. La Respuesta a la Gran Pregunta…

-¡Sí…!

-… de la Vida, del Universo y de Todo… -dijo Pensamiento Profundo.

-¡Sí…!

-Es… -dijo Pensamiento Profundo, haciendo una pausa.

-¡Sí…!

-Es…

-¡¡¡…¿Sí….?!!!

-Cuarenta y dos -dijo Pensamiento Profundo, con calma y majestad infinitas.


Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico, p.144 y ss.

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