Por qué nos gustan las mujeres

Para las grandes mujeres que conozco:

Porque nos miran a los ojos cuando hablamos.
Porque su risa es alegre y su sonrisa nos enamora.
Porque cuando dan saltitos no resultan ridículas.

Porque se entusiasman. Porque sus ojos son
grandes y brillantes. Porque aunque parecen delicadas
tienen una gran fuerza. Porque son románticas. Porque
se interesan por nosotros.

Porque siempre que te tocan parece que te
estén acariciando. Porque son cariñosas. Porque
usan diminutivos cuando hablan. Porque nos dan
conversación. Porque a veces son pesadas. Porque
todas son guapas.

Porque si algo les duele lo dicen. Porque no
caminan encorvadas. Porque aunque lloren no pierden
su belleza. Porque se preocupan por las cosas. Porque
su piel es suave al tacto y sus caras se parecen a las
de los niños pequeños.

Porque sus piernas son bonitas e infinitas.
Porque te apoyan y consuelan. Porque son graciosas.
Porque hasta la anciana más borde y desagradable
usa prendas con bordados y motivos tiernos y cursis.
Porque se enamoran.

Porque se cuidan más que nosotros. Porque
intentan gustarnos y lo consiguen. Porque usan varios
colores cuando toman apuntes y subrayan los libros
en rosa, azul, verde y con lápiz. Porque son más observadoras.
Porque les gusta el color y el diseño.

Porque nos piden ayuda. Porque bailan mejor que
nosotros. Porque su caligrafía es redonda y hermosa.
Porque sin ellas no habría musas para los poetas, ni
heroínas para las historias. Porque van juntas al baño.
Porque se pintan los ojos y las uñas. Porque les gusta
peinarnos. Porque adoran los masajes.

Porque no buscan sólo querer, sino también
ser queridas. Porque sus zapatos son bonitos. Porque
siempre nos sorprenden. Porque sus dedos son finos.
Porque lloran en las películas tristes. Porque escuchan
cosas tan horribles como Alejandro Sanz. Porque usan
pulseras que no son cursis.

Porque los anillos les quedan bien. Porque sin
ellas no estaríamos aquí. Porque nos tranquilizan y
nos alteran. Porque nos llenan de alegría y nos abaten
de tristeza. Porque cantan bien. Porque su voz es
dulce. Porque nos caen bien. Porque salir sin ellas
no se entiende. Porque aunque lleguen tarde no nos
enfadamos.

Porque nunca quieren ver el fútbol. Porque son
muy limpias. Porque no se las puede describir. Porque
desnudas son arte. Porque siempre salen bien en las
fotos. Porque se acuerdan de las cosas. Porque nos
hacen felices. Porque son misteriosas. Porque no las
conocemos.

Porque no las comprendemos, pero lo intentamos.
Porque nos dicen las cosas con tacto. Porque les
gustan colores como el rosa y el azul claro. Porque
piensan los nombres de sus hijos antes de tenerlos.
Porque siempre saben qué es lo que falta. Porque
nos piden cosas. Porque cuando nos abrazan nos
rodean el cuello con sus brazos y nos acarician el
pelo cuando las besamos. Porque sin ellas estaríamos
solos. Porque llenan los bolsos de cosas. Porque sus
estuches son de animalitos y dibujos ñoños. Porque
son simpáticas y amables. Porque son mujeres y las
necesitamos.

MIRCEACARTARESCU (versión de Pablo López)

Suplemento ÁGORA No. 2075

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