Las hadas: Mané

En Valle de Bravo alguien me dijo que las hadas se alimentan de sonrisas. Yo soy afortunado porque conozco a una, su nombre es Mané. Si todos los seres humanos tuviéramos esta filosofía, las personas de oficio como los payasos, cómicos y comediantes, tendrían un consultorio para prescribirnos algunas dosis de sonrisas, o nos recomendarían algunas hadas para llevarlas siempre en nuestro andar cotidiano.

Mané es increíblemente solicitada en el ámbito artístico por los pintores y los poetas. Lo más importante es que con ella se aprende a sonreír. Sí, sus encantos provienen de esos labios que se extienden como quien traza en una pincelada colores luminosos. Cuando la mujer y el hombre se casan, deben conocer sus defectos como las virtudes. Cuando la mujer y el hombre se cansan, entonces, si hay algo por salvar, la sonrisa viene a ser el complemento. Alimentarse de sonrisas es compartir las delicias de la vida, efímeras o permanentes.

El gran problema que rodea a las hadas es su belleza, porque los hombres, después de envolvernos en ella queremos una sonrisa exclusiva. Entonces las hadas emigran o mueren de tristeza (o se van de monjas, dice Mané). Pero a donde ellas vayan siempre buscarán las sonrisas entre dos acciones: dar y recibir.

Sonreír no sólo cambia la expresión de la cara, a través de este acto el cerebro produce endorfinas que reducen el dolor y proveen una sensación de bienestar. Dice un proverbio húngaro que aquel cuya sonrisa le embellece es bueno, aquel cuya sonrisa le desfigura es malo. William Shakespeare expresaba que

es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que conla punta de la espada.

Mientras que el escritor ruso Leon Tolstoi decía que

un niño reconoce a la madre por la sonrisa.

Verdadero es que una sonrisa enriquece a quien la recibe, sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se olvida. Pienso que hay dos tipos de sonrisa: la emocional, de naturaleza contemplativa o auditiva, originada a través de los sentidos. La segunda, aquella que sale del corazón, la que nadie nos niega ni negamos por el hecho de conocer las tristezas del mundo. Además, sabemos que sonreír en nuestra condición humana, es mucho mejor que reventar. Pero la sonrisa infalible es la de nuestras hadas, por eso, casi todos los niños creen en las hadas, quizá hasta pueden verlas.

En realidad la mayoría tenemos hadas a nuestro alrededor, pero es preciso aprender a observarlas. En ellas hay magia, inocencia y fantasía, aun en las de carne y en las de espíritu. Es seguro que descienden de los ángeles y se refugian en los mares, montañas y ríos.

Fata, Fada, Hada, es “destino” en la etimología. El diccionario define hada como “ser fantástico que se representaba bajo la forma de mujer, a quien se atribuía poder mágico y el don de adivinar el futuro”.
Pero es más asombroso el significado de su origen: el destino. Y en lo terrenal, cuando una mujer nos ofrece su maravillosa sonrisa, como una ofrenda. Yo reconozco la savia de la naturaleza: la inmensa dicha que me produce estar frente a las montañas y el viento que se anida en ellas, los mares con los pies sobre la arena, y el eterno instante de compartir la sonrisa con la mujer de ojos oscuros; sonrisa que escribo, ahora manifiesta entre la comisura de mis labios.

Hada

Julio César Zamora Velasco

Suplemento Ágora # 2089

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