Viajar al pasado

En lo personal, viajar al pasado sí es posible. Es cuestión de que vea un carro de al menos 25 años o más de antigüedad por la calle para que el truco de la imaginación haga de las suyas.

Hoy a media tarde venía de haberme desayunado un plato de birria en Tecalitlán cuando al dar vuelta a la izquierda en la intersección de Kirk y Butterfield, un auto clásico modelo 50 con curvas exuberantes, rines plateados y de coraza en tonos carne, entraba por la tangente y se unía al tráfico. Dos pensamientos vinieron a mi mente:

a) por el color de la carrocería y el diseño en el estampado de la cajuela  -que era de madera o imitación- el bólido me pareció un par de zapatos de espectador (spectator shoes) que algún gigante nórdico con ascendente de proxeneta salido del señor de los anillos hubiera perdido por ahí.

b) que una y otra vez, ver carros antigüos me recuerdan a las conversaciones por skype con mi padre justo cuando la señal esta por cortarse, aunado con la nostalgía de su juventud..

Y ahí me encontraba yo, dándole el pase a semejant joya histórica para que entreara a mi carril central. Le hice guardia durante el trayecto por Kirk, olíendole los pedos del escape ausente a simple vista y tratando de entender el significado de las letras de la placa trasera GROEB 48 hasta que di vuelta a la derecha para entrar por Pine street .

Y fue en ese efímero período de guardia fiel en el cual mi mente se fue a los años 50. A una carretera en alguna parte de los Estados Unidos de la postguerra, como en el final de The Pacific cuando Eugene Sledge va camino a casa pasando por de campos de algodón una mañana soleada.

Y me puse a imaginar cómo un día sábado de primavera en aquel tiempo pudo haber sido. Me puse a indagar qué canciones estarían sonando por la radio, ¿cuál sería el equivalente a Can’t stop the feeling de Justin Timberlake? ¿la gente iría a Jewel Osco a comprar la despensa? ¿habría una feria de cerveza y vino patrocinada por Two Brothers en Aurora? ¿dónde llevarían los novios a sus chicas a pasar la noche hoy que hay luna llena?

El exercicio mental me causó tanta excitación que no recuerdo mucho del camino hasta el puesto de seguridad dentro del lab después de mi despedida silenciosa y callada con “la joya”.

Pero para colmo de males, voy pisando el freno frente a Wilson Hall y veo algo parecido a un DeLorean bufando el silenciador saliendo perpendicular a mí. Es entonces cuando  me pregunto: ¿cómo recordaré el presente cuando me llegue a encuentrar con carros contemporáneos en un futuro distante?

Inspirado por H.Casciari, Orsai.

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